El 27 de octubre de 2010 falleció en El Calafate, a los 60 años. Su presidencia marcó una etapa de recuperación económica, creación de empleo y reivindicación de los derechos humanos. Desde Santa Cruz, su figura conserva una cercanía especial.
Hay fechas que no quedan solamente en los calendarios. El 27 de octubre es una de ellas para millones de argentinos que recuerdan a Néstor Carlos Kirchner como el presidente que llegó desde la Patagonia y encabezó una etapa de reconstrucción después de una de las crisis más profundas de la historia nacional.
Este martes se cumplen 16 años de su fallecimiento, ocurrido el 27 de octubre de 2010 en El Calafate. Tenía 60 años y su muerte provocó una multitudinaria despedida, atravesada por el dolor y por el reconocimiento de quienes habían encontrado en su proyecto una posibilidad de volver a creer.
Para Santa Cruz, el recuerdo tiene una dimensión particular: antes de convertirse en presidente, había sido intendente de Río Gallegos y gobernador de la provincia. Su trayectoria nacional nació en estas tierras, donde también transcurrieron sus últimos momentos.

Un presidente ante un país herido
Kirchner asumió la Presidencia el 25 de mayo de 2003. La Argentina todavía sufría las consecuencias del derrumbe de 2001: desempleo, pobreza, pérdida de ahorros y una profunda desconfianza hacia las instituciones.
La recuperación económica había comenzado antes de su llegada, durante 2002. Su gobierno le dio continuidad y la acompañó con políticas orientadas a fortalecer la producción, el mercado interno, la inversión pública y el empleo.
En su discurso de asunción planteó que reconstruir el país no podía limitarse a ordenar las cuentas: también debía significar recuperar la movilidad social, la educación y la dignidad del trabajo.
“Vengo a proponerles un sueño”, expresó ante la Asamblea Legislativa. Aquella convocatoria se convirtió en una de las frases más recordadas de su presidencia.

El trabajo como camino de recuperación
Entre 2003 y 2007, la economía argentina atravesó un período de fuerte crecimiento. Aumentó el empleo registrado, disminuyó la desocupación y mejoraron los salarios reales. También se redujeron la pobreza y la indigencia respecto de los niveles alcanzados durante la crisis.
Para muchas familias, esos cambios tuvieron una expresión concreta: volver a trabajar, recuperar ingresos y poder proyectar después de años marcados por la incertidumbre.
La construcción, la industria y la obra pública fueron parte de esa expansión. La recuperación de las negociaciones salariales también contribuyó a devolver protagonismo a trabajadores y sindicatos.
No desaparecieron todos los problemas ni los beneficios llegaron de la misma manera a cada hogar. Persistieron la informalidad y las desigualdades. Sin embargo, el cambio respecto del escenario de crisis permitió que amplios sectores recuperaran estabilidad y oportunidades.

Derechos humanos: una marca de su presidencia
La memoria, la verdad y la justicia ocuparon un lugar central en su gestión.
En 2003, el Congreso declaró nulas las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y Kirchner promulgó la norma. Ese proceso, junto con posteriores decisiones judiciales, permitió avanzar en la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad.
El 24 de marzo de 2004 dejó dos imágenes que permanecen en la memoria colectiva: la orden de retirar los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone del Colegio Militar y el acto en la ex ESMA, donde se acordó crear un espacio dedicado a la memoria y la promoción de los derechos humanos.
Su acercamiento a Madres, Abuelas, sobrevivientes y familiares expresó el reconocimiento estatal a una lucha sostenida durante décadas.
La deuda y la integración regional
La renegociación de la deuda externa fue otro de los ejes de su presidencia. En 2005 se concretó una reestructuración de obligaciones en default y, en enero de 2006, la Argentina canceló anticipadamente la totalidad de la deuda que mantenía entonces con el Fondo Monetario Internacional.
La decisión no significó la desaparición de toda la deuda pública, sino el pago de los compromisos con ese organismo. Su gobierno la presentó como un paso para ampliar el margen de decisión económica.
En política exterior, Kirchner fortaleció los vínculos con los países sudamericanos y promovió la integración regional. Después de dejar la Presidencia, continuó esa tarea y en 2010 se convirtió en el primer secretario general de la Unasur.
La política como una construcción colectiva
Su legado también tiene una dimensión social y afectiva. Para numerosos trabajadores, organizaciones y jóvenes, el kirchnerismo representó un espacio de participación y pertenencia.
En una sociedad golpeada por la crisis y el desencanto, logró reunir a sectores diversos alrededor de un proyecto político. No eliminó las diferencias, pero convocó a muchas personas a volver a involucrarse en los asuntos públicos.
Las imágenes de Kirchner entre la gente, saludando, escuchando y abrazando a quienes se acercaban, forman parte de ese recuerdo. Una cercanía que ayuda a comprender por qué su figura sigue despertando sentimientos que van más allá del balance de una gestión.
Desde Santa Cruz, una memoria que permanece
Néstor Kirchner nació en Río Gallegos el 25 de febrero de 1950. Fue intendente de la capital provincial entre 1987 y 1991, gobernador de Santa Cruz entre 1991 y 2003 y presidente de la Nación hasta el 10 de diciembre de 2007.
El Calafate quedó unido para siempre a su historia. Aquí falleció y desde aquí comenzó una despedida que se extendió por todo el país.
A 16 años de su partida, recordarlo es volver sobre una etapa en la que millones de argentinos recuperaron trabajo, derechos y expectativas de progreso. También es reconocer la fuerza de una idea que atravesó su trayectoria: que la política puede ser una herramienta para reconstruir una sociedad y transformar la vida de quienes más lo necesitan.

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