La economista Alejandra Scarano alertó por el crecimiento de los créditos impagos y señaló una situación especialmente crítica en las billeteras virtuales. Advirtió que muchas familias ya recurren al financiamiento para cubrir gastos de consumo cotidiano.

El endeudamiento de las familias muestra señales de fuerte deterioro. La economista Alejandra Scarano advirtió que desde fines de 2024 hasta junio se quintuplicaron las deudas con atrasos superiores a los 90 días y puso el foco en la creciente dificultad para afrontar los compromisos financieros.
En declaraciones al programa La Parada, de Tiempo FM 97.5, Scarano indicó que la proporción de créditos familiares que no se están pagando pasó aproximadamente del 2,5% al 12,8%.
La situación presenta diferencias según el tipo de financiamiento. De acuerdo con los datos expuestos por la economista, la morosidad ronda el 13% en tarjetas de crédito y alcanza el 16% en préstamos personales. El escenario más delicado aparece en las billeteras virtuales, donde llega al 30%.
Para Scarano, este último porcentaje constituye una señal de alarma debido a las condiciones bajo las cuales muchas personas acceden a esos préstamos y a las elevadas tasas que pueden enfrentar.
Las familias se endeudan para llegar a fin de mes
Uno de los puntos centrales del análisis es el destino del dinero solicitado. Según Scarano, los niveles actuales muestran que buena parte del endeudamiento no está relacionado con inversiones importantes, como la compra de un vehículo o una vivienda, sino con necesidades de consumo.
La economista señaló que el endeudamiento promedio ronda los $2,5 millones a nivel nacional, mientras que en la Patagonia se ubica entre los $3,5 y $4 millones.
Scarano vinculó este fenómeno con la pérdida de capacidad de compra y aseguró que el 61% de las personas manifiesta dificultades para llegar a fin de mes. También indicó que la mitad de los trabajadores registrados percibe ingresos inferiores a $1.300.000.
Preocupación por las billeteras virtuales
Otro de los puntos señalados es el crecimiento de los préstamos otorgados mediante plataformas digitales. A diferencia de las entidades bancarias tradicionales, el acceso suele presentar menos requisitos, lo que permite que personas que ya agotaron otras posibilidades de financiamiento puedan continuar tomando deuda.
El problema aparece posteriormente, cuando las cuotas y los intereses se vuelven difíciles de afrontar. Scarano afirmó que mientras algunas entidades bancarias pueden alcanzar costos financieros totales cercanos al 180%, existen billeteras virtuales cuyos financiamientos superan el 1.000%.
La economista consideró necesario avanzar en una mayor regulación de estas plataformas y planteó que el tema debería formar parte de la discusión sobre eventuales modificaciones a la Carta Orgánica del Banco Central.
Deudas cada vez más difíciles de recuperar
Scarano también advirtió que una parte importante de las obligaciones impagas ya se encuentra en categorías consideradas de difícil recuperación o directamente irrecuperables.
Dejar de pagar, además, tiene consecuencias sobre el acceso futuro al sistema financiero. Una persona con incumplimientos puede encontrar dificultades para obtener nuevos préstamos o tarjetas de crédito.
También explicó que las entidades pueden transferir o vender carteras de deudores a empresas dedicadas al recupero. Frente a llamados reiterados, contactos con familiares o lugares de trabajo y otras prácticas que puedan resultar abusivas, recomendó recurrir a los organismos de Defensa del Consumidor.
El foco puesto en los ingresos
Para Scarano, el crecimiento de la morosidad no puede analizarse únicamente como una decisión individual de quienes toman créditos. Consideró que detrás del problema se encuentran el nivel de los ingresos, el incremento de gastos esenciales y las elevadas tasas de financiamiento.
En ese contexto, planteó la necesidad de implementar medidas que permitan mejorar los ingresos, recuperar el consumo y generar mayor actividad económica y empleo.
El aumento de las deudas impagas aparece así como una nueva señal de alerta sobre la economía cotidiana: cada vez más hogares recurren al crédito no para realizar grandes compras, sino para sostener sus gastos habituales.
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